Hablan de mí como si yo no estuviera aquí. 15 de junio: una reflexión sobre el abuso hacia las personas mayores y las formas de maltrato que rara vez nombramos.
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- 15 jun
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Por: Dennise Díaz
Hay palabras que incomodan porque obligan a mirar aquello que muchas veces preferimos mantener fuera de vista. “Maltrato” es una de ellas. Sobre todo cuando se relaciona con la vejez. Porque el abuso hacia las personas mayores no remite únicamente a golpes o agresiones físicas que parecen ocurrir lejos de nuestra vida cotidiana. También habita en situaciones mucho más cercanas y silenciosas: dentro de las familias, instituciones, hospitales, espacios públicos e incluso conversaciones aparentemente inofensivas. Habita en la decisión tomada sin preguntar; en la administración del dinero “por su bien”; en la consulta médica donde alguien responde por la persona mayor aunque ella misma pueda hacerlo. Y quizá lo más inquietante sea precisamente eso: que muchas de estas prácticas han dejado de parecernos maltrato.
El 15 de junio, Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, tendría que ser mucho más que una fecha conmemorativa. Tendría que incomodarnos. Porque el abuso y maltrato hacia las personas mayores continúa siendo uno de los problemas más invisibilizados y menos discutidos socialmente, aun cuando sus consecuencias atraviesan profundamente la dignidad, la autonomía y la vida cotidiana de millones de personas.
En este sentido, la Organización Mundial de la Salud define el maltrato hacia las personas mayores como “un acto único o repetido, o la falta de medidas apropiadas, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y cause daño o angustia” (OMS, 2022). La definición resulta significativa porque desplaza la idea de que este existe solamente cuando aparecen agresiones visibles. El abuso también puede expresarse mediante negligencia, abandono, abuso psicológico o emocional, control económico, aislamiento o infantilización. Muchas de estas formas ocurren dentro de vínculos cercanos donde debería existir confianza, escucha y protección.
Las cifras muestran apenas una parte del problema, aunque incluso esos datos permiten dimensionar su magnitud estructural. La OMS estima que una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de maltrato en entornos comunitarios durante el último año. En instituciones como residencias o centros de atención prolongada, las cifras son todavía más alarmantes: dos de cada tres trabajadores reconocieron haber cometido algún tipo de maltrato hacia personas mayores durante el último año.
Diversos organismos internacionales advierten además que gran parte de los casos nunca se denuncian debido al miedo, la dependencia emocional o económica, el aislamiento y el temor a deteriorar los vínculos familiares. Frente a un escenario en el que cada vez más personas alcanzarán edades avanzadas y requerirán distintos apoyos para sostener su vida cotidiana, el maltrato hacia las personas mayores podría convertirse en un desafío aún más apremiante, especialmente allí donde persisten profundas desigualdades y los sistemas de atención continúan siendo insuficientes.
En países como México, estas discusiones adquieren una relevancia particularmente urgente. A pesar del creciente protagonismo que la vejez ocupa en la realidad demográfica del país, las discusiones sobre abandono, despojo y abuso continúan ocupando un lugar marginal en la agenda pública.
La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2021) reveló que 17.3% de las mujeres de 60 años y más experimentó algún tipo de abuso durante los doce meses previos al levantamiento de información. Las formas más frecuentes fueron las afectaciones psicológicas, económicas y patrimoniales. Estas cifras permiten reconocer que el maltrato en la vejez no constituye un hecho aislado, sino una problemática profundamente relacionada con desigualdades acumuladas a lo largo del curso de vida. El género, la pobreza, la discapacidad, el territorio, la pertenencia étnica y las trayectorias laborales influyen directamente en las maneras en que se experimentan distintas formas de exclusión.
Por ello, en años recientes han comenzado a circular herramientas pedagógicas como el“violentómetro de las personas mayores”.Se trata de materiales de acceso público que pueden ser utilizados por las propias personas mayores, sus familias, personas cuidadoras, personal de instituciones y ciudadanía en general para identificar conductas quevulneran derechosy que con frecuencia pasan inadvertidas. A través de una clasificación gradual, se evidencia que el maltrato no se limita a las agresiones físicas, sino que también incluye prácticas cotidianas de desautorización, control, exclusión o menosprecio. Su principal aporte radica en ofrecer un lenguaje accesible para reconocer experiencias que muchas veces han sido normalizadas y, por ello, difícilmente denunciadas o cuestionadas.

Nota. Elaboración propia con base en materiales desarrollados por el Instituto para la Atención de las y los Adultos Mayores del Estado de Hidalgo y el Instituto Estatal de las Personas Adultas Mayores de Nuevo León.
El problema resulta todavía más complejo si consideramos que gran parte de estas prácticas se sostienen mediante ideas profundamente arraigadas sobre la vejez. Expresiones como “ya no entiende”, “mejor decidimos nosotros”, “¿para qué le preguntamos?” o “es como una niña” circulan diariamente en hogares, hospitales y conversaciones familiares con una naturalidad inquietante. Porque detrás de estas expresiones no solamente existe una manera de hablar; también operan formas de exclusión que poco a poco desplazan la voz de las personas mayores y reducen su capacidad de decisión sobre su propia vida.
El viejismo, es decir, los prejuicios y estereotipos construidos alrededor de la edad avanzada, continúa alimentando muchas de estas prácticas. Se asume que envejecer implica inevitablemente incapacidad, y desde esas miradas las personas mayores comienzan a ser tratadas como si dejaran progresivamente de ser sujetos capaces de decidir, opinar, desear o participar plenamente en la vida colectiva. No todo aquello que se hace “por su bien” está libre de convertirse en maltrato.
En distintos espacios de trabajo colaborativo con personas mayores, estas experiencias aparecen constantemente. “Hablan de mí como si yo no estuviera aquí”, compartió una mujer después de una consulta médica. Otra expresó: “Lo más triste es que dejan de preguntarte qué quiero”. Un hombre mayor comentó algo similar: “Creen que ya no entiendo, pero sigo escuchando todo”. Muchas personas mayores no solamente enfrentan enfermedades, barreras institucionales o precariedad económica; también enfrentan una reducción progresiva de su presencia social. Quizá ahí se encuentre una de las expresiones más dolorosas del maltrato en la vejez: comenzar a desaparecer socialmente aun estando presente.
Tal vez una de las preguntas más urgentes de nuestro tiempo no sea solamente cuánto vamos a vivir, sino bajo qué condiciones seguiremos siendo reconocidos mientras envejecemos. Porque el maltrato hacia las personas mayores no comienza cuando una persona cumple 60 años o más. Es el resultado de desigualdades, exclusiones y formas de desvalorización que se construyen y reproducen a lo largo de la vida, aunque en la vejez adquieren expresiones particulares y, con frecuencia, más visibles.
En el fondo, estas formas de maltrato remiten a un problema mucho más amplio: las estructuras sociales, culturales e institucionales que durante décadas han reproducido la exclusión y la pérdida de valor de ciertas vidas. Una de sus expresiones más profundas aparece cuando las personas mayores se convierten en presencias toleradas, pero no plenamente reconocidas; cuando sus voces, sentires y decisiones quedan fuera de las prioridades colectivas. Porque el maltrato no solo se ejerce mediante acciones directas. También se produce a través de las omisiones, en la ausencia de políticas públicas suficientes en la precariedad de los sistemas de cuidados, en la falta de condiciones para una vida digna y en la aceptación cotidiana de que algunas vidas importan menos que otras.
En este contexto, resulta indispensable que los derechos reconocidos en la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores (México) y en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores se traduzcan en mecanismos efectivos de prevención, protección, atención y acceso a la justicia. Una sociedad que aspira a envejecer con dignidad no puede permanecer indiferente frente al abuso, la exclusión y las múltiples vulneraciones que enfrentan las personas mayores. El olvido también es una forma de maltrato: aparece cuando estas situaciones dejan de generar indignación, cuando se asumen como parte natural de la vejez y cuando la distancia entre los compromisos asumidos y la realidad cotidiana continúa dejando a muchas personas sin protección efectiva.
Palabras clave: abuso, maltrato, vejeces, normalización

Semblanza: Doctora en Ciencias Sociales, maestra en Estudios Culturales y especialista en Políticas de Cuidado con Perspectiva de Género. Su trabajo académico y comunitario se enfoca en los cuidados, las vejeces, el género y las desigualdades sociales. Ha investigado las experiencias de personas cuidadoras, las transformaciones de los arreglos de cuidado y los desafíos que enfrentan quienes sostienen la vida cotidiana.
Referencias
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2022). Comunicado de prensa núm. 485/22. Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021. Principales resultados. INEGI. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/endireh/Endireh2021_Nal.pdf
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2022). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021. INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/endireh/2021/
Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores [LDPAM]. (2024). Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LDPAM.pd
Organización de los Estados Americanos (2015). Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. https://www.oas.org/es/sla/ddi/docs/tratados_multilaterales_interamericanos_a-70_derechos_humanos_personas_mayores.pdf
Organización Mundial de la Salud. (2022, 13 de junio). Maltrato de las personas mayores. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/abuse-of-older-people



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